Se fué.
Muchacho: recién graduado de la secundaria.
Solo: padres y hermana no volverían por varias horas.
Caliente: hormonas juveniles silenciándole la mente estudiantil que trataba de vislumbrar el futuro.
Pija dura: empuntando su calzoncillo, estirando el elastico y separandolo de su vientre.
Haragán: porqué hacerse la paja en su cuarto? demasiado trabajo limpiar después.
En el baño: ya casi empuñando su choto, nota a la izquierda un brillo de algo plastico, translucente, rosado:
el cepillo de pelo de su madre.
En su mente aflora la vieja amenaza de ambos padres: "te voy a poner el culo colorado como un tomate!"
Como seria? Que pareceria? Como se sentiria?
El cosquilleo de esos pensamientos demanda su acción inmediata. Bajandose el calzoncillo a medio muslo y volviendose de manera de verse el traste en el espejo, empezó. Aquí, allá, mas arriba, mas abajo, un poco mas fuerte, puede llegar bien a la nalga izquierda? un poco mas fuerte... Cuando paró después de varias docenas de cepilladas - nunca se le ocurrió empezar con palmadas - se dió cuenta que había entrado a un mundo diferente:
el del ardor y el color de la llamarada que había encendido.
Siguió, notando que cuando mas seguía, mas fuerte lo podía hacer, hasta que el brazo ya no le daba más.
Nalgas rojas, ardientes, calientes, satisfechas.
Salió así, por esa puerta, siguiendo su camino, dejando las casas atrás, hasta que llegó a un cerco desvencijado y una tranquerita rota y en unos pasos más entró a la Pampa de las Tundas.
Nunca volvió.
 
     
  La Pampa de las Tundas - Martín Varazo